Los números me perseguían; límites, derivadas, integrales, cónicas, volúmenes, áreas, etc. Todos estos conceptos golpeaban en mi cabeza, pero yo solo permitía entrar partes pequeñas –demasiado pequeñas- de cada concepto, claro, mi cabeza se volvió un ocho, era mucha información la que me lanzaban mis profesores de física, cálculo, programación, etc. Era imposible digerir toda esa información, era absurdo, como pretendían meterme a la fuerza los miles de conceptos matemáticos en solo tres meses y medio. Los primeros quince días le metí toda la ficha al estudio, pero cuando apenas comenzaba a comprender que significaba un valor absoluto, por otro lado me aparecían más conceptos, tenía que comprender que era un algoritmo, también me ponían analizar velocidades contra aceleraciones en un objeto cualquiera, como olvidarlo, tenía que comprender que eran funciones trigonométricas, esto era primordial entenderlo a la perfección, ya que sino se entendía, uno quedaba volando frente a todas las materias, este tema era base de casi todo, pero efectivamente nunca lo entendí.
Cada clase nueva que tenía, me volvía más loco, no sabía que hacer, hasta que llegó el día decisivo, el primer parcial, el día de mi prueba. Eran las diez en punto, el profesor de cálculo nada que llegaba, miraba impacientemente los apuntes de mi cuaderno, pero en vez de aclarar dudas lo que hacía era obtener más dudas, cerré el cuaderno y me dije a mi mismo: lo que entendí, lo entendí. El cigarrillo me hace mucho daño, siempre que fumo me mareo, si me paso del límite impuesto por mi cuerpo, me vomito, el caso es que estaba tan nervioso que comencé a fumar como una puta empedernida. El profesor llegó, eran las diez y diez de la mañana, todo el mundo estaba organizado en sus puestos, el profesor entregó el cuestionario del examen, comencé a desarrollar los ejercicios, algunas cosas las sabía, otras las dudaba y otras, ni puta idea – quiero advertir que eran más las cosas que dudaba y que ni idea-, el caso es que el efecto del cigarrillo se me hizo presente, los numeritos los veía torcerse, caminaban, se me cambiaban de sitio, mejor dicho estaba mareado. El tiempo finalizó, mi examen estaba todo borroneado, eran tantas las dudas que tenía que tuve que borrar mucho. Los resultados llegaron a los ocho días, era un número, dos coma cuatro, efectivamente lo había perdido. Fue un golpe imposible de asimilar, me eché a las petacas en todas las materias, mis notas daban pena, éstas oscilaban entre dos y tres y una que otra vez estaban debajo de dos, lo único que me subía el ánimo era un amigo al que le decíamos Atila, el rey de los Hunos.
Académicamente mis logros eran insatisfactorios, espiritualmente estaba vuelto nada, me sentía todo un bueno para nada. Por mi cabeza pasaban muchas cosas, además de números, de la nada, mi cabeza sacó la idea mas absurda que se puede escuchar en la vida, volarme, pero ¿a dónde?, a Capurganá. Tal vez por la presión académica, por la presión de mi familia, por la presión de la vida, finalmente decidí irme para Capurganá. Que idea más absurda, soñaba con llegar a la playa, hacer mi rancho y fumar marihuana de por vida, y si me aburría de este plan, pues tenía un as bajo la manga, se suponía que iba a comprar dos cajas de tryptanol para comerme todas las pastillitas que iban dentro de éstas –esto es una pastillita y su función es ser un antidepresivo-, se supone que al comerse una pastillita uno se calma, al comerse dos se duerme y al comerse 40 se muere. Claro, si todo me salía mal, pues me comía todas estas pastillitas y dejaba de sufrir esta vida.
Un sábado, no recuerdo la fecha exacta, salí de mi casa con mi maleta, dentro de esta llevaba comida, algo de ropa, unos anillos de mi mamá y cien mil pesos. Primero me dirigí a un sitio de esos donde se empeñan objetos. Como es lógico, empeñé los anillos de mi mamá, me dieron por estos ochenta mil pesos. Luego me dirigí a una peluquería, decidí raparme la cabeza. El peluquero me preguntó si estaba seguro de quitarme las mechas – las tenía bastante largas- y sin dudarlo le dije que si, y volvió a preguntarme el señor, porque me quería rapar, al momento le respondí, que lo hacía para que no me reconocieran, desde ahí la conversación paró, él simplemente cumplió su trabajo, le pagué dos mil pesos y me largué. Cogí un taxi hacia la terminal de buses, gasté tres mil pesos en el taxi, luego sin dudarlo, gasté cuarenta mil pesos en la flota hacia Medellín.
En el transcurso del viaje me arrepentí de lo que estaba haciendo, quería bajarme de la flota, pero era ya muy de noche y no podía bajarme en plena carretera, entonces decidí que al llegar a Medellín, me devolvía para Bogotá. Al lado mío iba una muchacha bastante conversadora, hablaba hasta por los codos, en realidad no le estaba poniendo atención, yo movía mi cabeza afirmativamente y le decía aja, pero realmente estaba envuelto entre mis pensamientos exactos, los cuales me decían que la estaba cagando. En toda la noche no pude dormir, los números se apoderaban de mi mente. Por fin amaneció, la flota llegaba a un pueblo bastante grande, parecía casi una ciudad. Efectivamente era una ciudad en la cual la flota paró, me bajé sin saber exactamente donde me encontraba, hasta que por fin escuché una voz que decía, bienvenidos a la ciudad de la eterna primavera. Había llegado a Medellín, mis pensamientos otra vez no tenían respuesta, el algoritmo que me había planteado en la flota, ya no me parecía la salida, entonces sin pestañear decidí caminar.
Caminé durante una hora, por un camino que había recorrido antes en mi vida, durante el camino, mis pensamientos volvieron a ser exactos, no estaba pensando en nada, de repente frente a mi, apareció el estadio de Medellín, el Atanasio Girardot, por un momento la depresión de mi vida desapareció. Ese domingo jugaba el equipo de mi alma, el verde, Atlético Nacional, único campeón de la copa libertadores en Colombia. Sin pensarlo dos veces me dirigí a la taquilla, estaba cerrada, claro, eran las nueve de la mañana y el partido comenzaba a las tres y media de la tarde, entonces supuse que la taquilla la habrían a las doce del día. Mientras tanto abrí la maleta y me comí una salchicha, pero al abrir la maleta que grande sorpresa, la camisa de mi equipo estaba allí, en aquel momento pensé, todo lo había planeado desde el sábado, pero mi conciencia, que estuvo molestándome en todo el viaje, me había echo olvidarme de los planes que tenía en mente.
Eran las tres y media de la tarde, (cinco mil pesos de mi bolsillo habían desaparecido gracias a la boleta). Me encontraba dentro del estadio viendo jugar a mi equipo frente al Bucaramanga. En los primeros quince minutos todo era alegría, hasta que llegó el gol de Bucaramanga, todos los pensamientos de la noche anterior volvieron a mi, ¿qué iba a ser de mi vida?, no sabía. Por primera vez el fútbol no me llamaba la atención, estuve totalmente desconectado del mundo mientras pasaba el partido. Al finalizar el cotejo futbolero, observé el tablero electrónico, mi equipo había perdido uno a cero. Todo me estaba saliendo al revés.
Salí del estadio, y volví a tomar el camino por el que había llegado, el camino que se me hacía cada vez más conocido. Esta vez durante la caminata pensé, pero en negro, mi vida estaba llena de sombras, llena de sin salidas, repleta de oscuras funciones trigonométricas. No sabía que hacer. Caminé durante una hora y media, hasta que por fin llegué a la terminal de buses. Mis pensamientos se esclarecieron, pude encontrar una salida. Me dirigí a comprar el pasaje hacia mi destino, éste me costó cuarenta mil pesos, lo único malo era que la flota salía a las once de la noche, y hasta ahora eran las siete y media. Estaba muy ansioso por llegar a Turbo, embarcarme después en una lancha, para finalizar mi travesía en Capurganá.
Desde las siete y media, hasta las once, estuve en la terminal de Medellín. A las ocho exactas, mi estómago hizo reflexionar mi cabeza, tenía demasiada hambre. Saqué de mi maleta unas tajadas de queso de doble crema, olían a algo inmundo estas tajadas (estos pedazos de queso, llevaban ya casi dos días en la maleta, era bastante obvio que comenzaran a podrirse). Dudé en un instante, en si me debía comerme estas tajadas de queso; pero mi hambre era voraz, terminé comiendo. Un hombre de piel morena tirando a negro, se me acercó, eso si, el tipo cojeaba demasiado, se sentó al lado mío y, sin vacilar me pidió un poquito de queso. Mi personalidad tiene un matiz de tacaño, pero en ese momento realmente vi una cara humana llena de sufrimiento (cara de hambre, de dolor, de odio, de incertidumbre, etc.). Sin pensarlo, le regalé a este hombre los pedazos de queso que me quedaban. El hombre quedo muy agradecido conmigo, fue tan grande su agradecimiento, que terminó revelándome una parte de su vida, exactamente la última.
Era un día lluvioso, mi familia y yo, estábamos celebrando el cumpleaños de mi hija, de repente unas personas entraron en la finca del patrón (finca ubicada en las cercanías de turbo), salí de la casa para ir a preguntarles a estos individuos que querían, estas personas me dijeron que pertenecían al grupo guerrillero de las FARC y que necesitaban gasas -estaban vestidos de civiles-, sin pensarlo dos veces se las di; los guerrilleros al momento desaparecieron entre la espesa selva. Pasaron cuatro días después de este hecho, me encontraba en la finca cultivando unos plátanos, de repente sentí un golpe en la cabeza, perdí el conocimiento. Desperté dentro de la casa y me encontraba amarrado a una silla, al lado mío estaban mi esposa y mi hija muertas, cada una con una bala en la cabeza, no soporté ver estas imágenes, era algo horripilante, al frente mío habían unos militares con brazaletes de las AUC, éstos cuando se dieron cuenta de que había despertado, comenzaron a golpearme todo el cuerpo, en especial las piernas, fue un minuto de constante dolor, un minuto infinito, un minuto interminable, por fin disminuyó la lluvia de golpes, los paramilitares me dijeron de una manera muy irónica que les caía muy bien y que por eso me perdonaban la vida, pero con una condición, me tenía que ir en menos de ocho horas de la supuesta zona que ellos manejaban; fue cuando comprendí mi entrada al club de los desplazados de Colombia, y todo por regalar unas gasas. Ahora estoy aquí, -sin saber que rumbo debo coger para hacer una nueva vida- contándole mi historia. Una historia con un solo interrogante, ¿quien fue el sapo que destrozó mi vida?
Faltaban quince para las once, la historia de este desplazado había terminado, cada detalle hablado por este señor, era la descripción más perfecta que había escuchado de un relato de la guerra, gracias al relato del señor, quedé emparamado de su dolor y tristeza. Había llegado la hora, tenía que partir, me despedí del sujeto, éste me volvió agradecer por el pedazo de queso y me deseó mucha suerte, suerte que realmente tuve en todo mi viaje. Dentro de la flota empecé a llorar, sabía que mi vida había de cambiar, todos los pensamientos sobre mi futuro se me aclararon, la muerte era algo inminente. La flota llevaba quince minutos de recorrido cuando quedé totalmente profundo, estaba sumido en un sueño abrumador.
El chofer de la flota me despertó, habíamos llegado a Turbo, eran las nueve en punto de la mañana, me bajé de la flota sin saber exactamente donde me encontraba, de pronto la memoria se introdujo en mi; tenía que ir a la terminal de lanchas a averiguar el pasaje a Capurganá, la información que me dieron era que solo salía una lancha al día al origen de mi final (Capurganá), y salía a las ocho en punto de la mañana –tenía que dormir una noche en turbo-. No supe que hacer, entonces fue cuando se me vino la idea brillante de preguntar el valor del pasaje a Capurganá, costaba noventa mil pesos, miré la billetera y justamente tenía los noventa. Si me iba para Capurganá, la muerte me estaría esperando, entonces por fin recapacité en todo lo que llevaba del viaje, me quería devolver para Bogotá. Sin titubear lo hice. Me devolví a la terminal de buses, y me monté en la primera flota hacia Medellín. Logré llegar a Bogotá sin ningún percance en el recorrido. Pero volvieron mis miedos a la cabeza, con que cara iba a llegar a donde mis padres. El miedo me acogió, el plan t se me vino a la cabeza, las pastillas de tryptanol; miré en la maleta y me di cuenta de que nunca las había comprado, no tenía ninguna pastilla, me dirigí a la primera droguería a la vista, pedí una caja de tryptanol, esta valía treinta mil pesos, yo solo tenía diez mil, comprendí que al devolverme a Bogotá me estaba alejando de la muerte, entonces decidí vivir. Fui en busca del regaño de mis padres.
miércoles, 28 de mayo de 2008
sábado, 26 de abril de 2008
La pierna
En Bogotá el día tres de octubre exactamente en la Universidad Nacional, ocurrió el hecho mas gracioso para la vida de Pablo Gómez, él se encontraba en un árbol bastante acogedor del bosque Jaguar –bosque ubicado entre la facultad de medicina e ingeniería-, al lado tenía a su amigo que siempre lo acompañaba en su mundo del darse en la cabeza. Su amigo acababa de comprar un paco de marihuana en el Freud, se lo había comprado a un jíbaro el cual no era al que siempre le compraba (el jíbaro al que siempre le compraba ese día no había ido), el caso es que ese día Pablo y su amigo fumaron una marihuana bastante extraña, la apariencia de ésta era muy distinta a la otra marihuana que siempre compraba el amigo de Pablo Giraldo, esta marihuana tenía un aspecto verde-rojiza y la de siempre era únicamente verde. Antes de que lo aburra a usted señor lector, voy a comenzar ya mismo con la historia.
El bareto fue armado por el amigo de Giraldo, para no molestarlo señor lector pongámosle un nombre al amigo de Pablo, ¿Qué tal les parece Camilo? El caso es que Camilo Cortés estaba muy impaciente de fumar marihuana, esta impaciencia llenó a Camilo de una energía abrumadora, energía que se desvaneció en sus manos veloces formando el bareto de marihuana. Camilo sin pensarlo más de dos veces prendió el bareto y se metió la primera dosis de droga en el día dentro de su cuerpo, Camilo observó los ojos de Pablo, al momento comprendió que tenía que pasarle el bareto al pobre Pablo. Giraldo fumó con bastante desesperación, se notaba que estaba muy ansioso por introducir droga en su organismo. El bareto sucesivamente cambiaba de manos, llegó un punto en que Pablo y Camilo quedaron extasiados, cada uno se introdujo dentro de su mundo. Camilo como siempre sintió como se desbordaban sus sentidos, en especial el oído y el olfato, aunque esta vez algo más potenciado comparándolo con las últimas fumadas de su vida. Mientras que Pablo además de sentir como se desbordaban sus sentidos del olfato y el oído, también alcanzó a sentir el desbordamiento de su vista, Pablo alucinó. Al lado suyo tenía una pierna.
Ese mismo día en las selvas colombianas –exactamente en las selvas nariñenses- un grupo guerrillero del frente cincuenta y pucho de la Insurgencia Popular combatía contra un grupo de paramilitares. Pablo era un guerrillero que con su fusil escapaba de sus enemigos, de repente pisó una mina quiebra pata, no hubo dolor en absoluto, Pablo cayó dentro de un arbusto el cual lo camufló demasiado bien de sus enemigos. Sin titubear este guerrillero pasó sus ojos por todo el cuerpo, se dio cuenta que le faltaba una pierna, pero esto no era lo raro, lo raro era que no tenía ninguna mancha de sangre, realmente no estaba herido, lo que realmente había pasado era muy extraño, su pierna había desaparecido.
Pierna que apareció en la alucinación del otro Pablo, un momento, Pablo no estaba alucinando, realmente si tenía una pierna al lado suyo, esta pierna se comenzó a mover y de repente comenzó a saltar con desesperación, como tratando de buscar su verdadero lugar, todos sus movimientos fueron en vano, no pudo encontrar su lugar, entonces le preguntó a Pablo que donde se encontraba, Giraldo le contestó que en la Universidad Nacional, ésta no comprendía todavía porque había aparecido allí, siendo que en realidad debería estar totalmente destrozada sobre la tierra nariñense.
Pablo el guerrillero decidió quedarse dentro del arbusto hasta que terminaran los combates, él reflexionaba mientras tanto sobre todo, se preguntaba muchas cosas, su pregunta principal era el porque sus compañeros y él luchaban en esta guerra, su cabeza produjo varias respuestas tales como: el asesinato de sus familias por parte de los paramilitares –se entra en la guerra por pura venganza-; otra razón podría ser el simple hecho de ganar muy buena plata (para poder mantener a sus familias, simple necesidad, ¡pero si pagaban mejor los paracos); y una última sería porque se vieron tentados por la ideología de la guerrilla –destruir un gobierno corrupto, el cual no daba ni una oportunidad en el campo, él que se robaba todas las tierras para poder mantener a sus cinco apellidos-. Imposible mencionar el reclutamiento obligado, escapar era muy fácil y la misma infiltración traidora obligó a seleccionar a los humanos muy minuciosamente. Pablo interrumpió sus pensamientos políticos, para pasar a los pensamientos mágicos, pensamientos en los cuales se imaginaba a su pierna entre dos marihuaneros, uno de los cuales ni se había dado cuenta de la presencia de su pierna por la traba tan tenaz que tenía, él otro drogadicto dentro de su locura estaba hablando con la pierna. Pablo no comprendió estos pensamientos absurdos, lo único que trajo esto fue una esperanza paradójica en el comunero Porqueño, él terminó creyendo en lo que se había imaginado, su pierna estaba viva y hablando con un marihuanero, pero el problema era como podía hacer volver a la pierna.
La pierna saltó de alegría, su dueño estaba pensando en ella y estaba pensando exactamente lo que le estaba ocurriendo a ella, la pierna de un momento a otro se ideó la espectacular idea de mandarle mensajes a su dueño sabiendo esto, ésta comenzó a gritar:
-Pablo te extraño mucho, me encuentro en un mundo totalmente desconocido para mí, pero quiero volver a ti. Y la única manera que encuentro para volver hacia ti, es pidiéndole un favor al marihuanero Giraldo que tengo aquí al lado, el favor sería que me llevara hasta las selvas nariñenses y me deje allí, para después yo con mis sentidos súper especiales, te ubique y pueda pegarme en ti.
Al momento Porqueño –el guerrillero comunero- escuchó estos gritos de su pierna dentro de sus pensamientos, la esperanza se incrementó dentro del alma del pobre Pablo, él ya estaba totalmente convencido de que la pierna estaba viviendo su propia realidad, una realidad con solo una meta, volver a su dueño. Pablo vio en sus pensamientos la charla de su pierna con su tocayo el marihuanero, no escuchaba nada, solo esperaba los gritos de su pierna para que le volviera a dar alguna razón de lo que estaba ocurriendo. De repente la pierna volvió a gritar:
- Su tocayo dice que no hay necesidad de hacer tremendo viaje, que en el momento justo que a él se le desaparezca el efecto de la droga, yo apareceré sin ninguna explicación otra vez en el lugar al que pertenezco. Parece inverosímil, pero fue tan convincente su charla que, creo que dice la verdad.
Pablo el guerrillero comprendió que gracias al efecto de la droga en la sangre de su tocayo, se había generado un rompimiento de la realidad, un rompimiento en el cual él se benefició ya que su pierna cayó en este vacío intemporal, que había generado la mente de Pablo Marihuanero, pero un vacío que tenía su fin predestinado, y este fin era el fin de la traba, fin que crearía otra vez la verdadera realidad cotidiana.
El marihuanero de Giraldo estaba ubicado justo en el momento en que la traba comenzaba a disminuir, los ojos de Pablo comenzaron a borrar a la pierna de su realidad, fue un proceso largo todo el desvanecimiento de la pierna ante los ojos de Pablo, hasta que la traba por fin desapareció, el drogadicto había olvidado absolutamente todo, Pablo Giraldo tenía la mente en blanco, reaccionó inesperadamente y le preguntó a Camilo por lo ocurrido anteriormente, Camilo no le supo contestar nada, Camilo también había olvidado todo. Los dos marihuaneros se dieron cuenta de la pérdida de un lapso de sus vidas, pérdida ocasionada extrañamente por esa marihuana insólita. Marihuana insólita de mucho peligro que decidieron arrojar al mundo exterior, el pucho que les quedaba terminó en manos del narrador suertudo. Sólo fue tocar la bolsa, la cual le dio toda una historia para contar.
El guerrillero Pablo despertó de un sueño muy largo, se encontraba en el campamento, lo primero que hizo al despertar fue dirigir su mirada exactamente a la pierna que había perdido, sorpresa, la pierna estaba en su lugar, la miró minuciosamente para poder ver si tenía alguna herida, estaba sin ningún rasguño. Pablo en un momento dudó sobre todo lo que había vivido supuestamente, de repente comenzó a pensar que todo había sido un sueño. Despierto y listo, el guerrillero se dirigió a su comandante a preguntarle sobre como habían terminado los combates de ayer. El comandante no entendió la pregunta, entonces decidió regañar al comunero, estas fueron sus palabras en el momento del regaño:
-Camarada Pablo, le advierto que tiene que disminuirle al consumo de la droga, porque por lo visto se está imaginando cosas que no son, le recuerdo que el último combate que tuvimos con el ejército colombiano fue hace tres semanas, y el último combate contra los paramilitares fue hace una semana y media.
Esta historia como tal no tiene fin, pero les voy hacer un breve resumen de lo que pasó con las vidas de Pablo marihuanero y Pablo guerrillero. Pablo marihuanero después del incidente con la hierba extraña, decidió dejarla por seis meses, pero como raro reincidió, algo más, terminó obsesionado por la palabra pierna, él no tiene ni idea de donde sacó ese video, pero la palabra pierna se le aparece en su pensamiento bastante seguido. Pablo guerrillero siguió combatiendo, justo ese día después del regaño de su comandante, hubo un combate, además de eso, él siguió soñando mucho con marihuaneros, fueron tantos sus sueños con ellos, que terminó fumando hierbita, fuma cada vez que tiene que luchar, y ahora pelea sin tenerle miedo a la muerte.
El bareto fue armado por el amigo de Giraldo, para no molestarlo señor lector pongámosle un nombre al amigo de Pablo, ¿Qué tal les parece Camilo? El caso es que Camilo Cortés estaba muy impaciente de fumar marihuana, esta impaciencia llenó a Camilo de una energía abrumadora, energía que se desvaneció en sus manos veloces formando el bareto de marihuana. Camilo sin pensarlo más de dos veces prendió el bareto y se metió la primera dosis de droga en el día dentro de su cuerpo, Camilo observó los ojos de Pablo, al momento comprendió que tenía que pasarle el bareto al pobre Pablo. Giraldo fumó con bastante desesperación, se notaba que estaba muy ansioso por introducir droga en su organismo. El bareto sucesivamente cambiaba de manos, llegó un punto en que Pablo y Camilo quedaron extasiados, cada uno se introdujo dentro de su mundo. Camilo como siempre sintió como se desbordaban sus sentidos, en especial el oído y el olfato, aunque esta vez algo más potenciado comparándolo con las últimas fumadas de su vida. Mientras que Pablo además de sentir como se desbordaban sus sentidos del olfato y el oído, también alcanzó a sentir el desbordamiento de su vista, Pablo alucinó. Al lado suyo tenía una pierna.
Ese mismo día en las selvas colombianas –exactamente en las selvas nariñenses- un grupo guerrillero del frente cincuenta y pucho de la Insurgencia Popular combatía contra un grupo de paramilitares. Pablo era un guerrillero que con su fusil escapaba de sus enemigos, de repente pisó una mina quiebra pata, no hubo dolor en absoluto, Pablo cayó dentro de un arbusto el cual lo camufló demasiado bien de sus enemigos. Sin titubear este guerrillero pasó sus ojos por todo el cuerpo, se dio cuenta que le faltaba una pierna, pero esto no era lo raro, lo raro era que no tenía ninguna mancha de sangre, realmente no estaba herido, lo que realmente había pasado era muy extraño, su pierna había desaparecido.
Pierna que apareció en la alucinación del otro Pablo, un momento, Pablo no estaba alucinando, realmente si tenía una pierna al lado suyo, esta pierna se comenzó a mover y de repente comenzó a saltar con desesperación, como tratando de buscar su verdadero lugar, todos sus movimientos fueron en vano, no pudo encontrar su lugar, entonces le preguntó a Pablo que donde se encontraba, Giraldo le contestó que en la Universidad Nacional, ésta no comprendía todavía porque había aparecido allí, siendo que en realidad debería estar totalmente destrozada sobre la tierra nariñense.
Pablo el guerrillero decidió quedarse dentro del arbusto hasta que terminaran los combates, él reflexionaba mientras tanto sobre todo, se preguntaba muchas cosas, su pregunta principal era el porque sus compañeros y él luchaban en esta guerra, su cabeza produjo varias respuestas tales como: el asesinato de sus familias por parte de los paramilitares –se entra en la guerra por pura venganza-; otra razón podría ser el simple hecho de ganar muy buena plata (para poder mantener a sus familias, simple necesidad, ¡pero si pagaban mejor los paracos); y una última sería porque se vieron tentados por la ideología de la guerrilla –destruir un gobierno corrupto, el cual no daba ni una oportunidad en el campo, él que se robaba todas las tierras para poder mantener a sus cinco apellidos-. Imposible mencionar el reclutamiento obligado, escapar era muy fácil y la misma infiltración traidora obligó a seleccionar a los humanos muy minuciosamente. Pablo interrumpió sus pensamientos políticos, para pasar a los pensamientos mágicos, pensamientos en los cuales se imaginaba a su pierna entre dos marihuaneros, uno de los cuales ni se había dado cuenta de la presencia de su pierna por la traba tan tenaz que tenía, él otro drogadicto dentro de su locura estaba hablando con la pierna. Pablo no comprendió estos pensamientos absurdos, lo único que trajo esto fue una esperanza paradójica en el comunero Porqueño, él terminó creyendo en lo que se había imaginado, su pierna estaba viva y hablando con un marihuanero, pero el problema era como podía hacer volver a la pierna.
La pierna saltó de alegría, su dueño estaba pensando en ella y estaba pensando exactamente lo que le estaba ocurriendo a ella, la pierna de un momento a otro se ideó la espectacular idea de mandarle mensajes a su dueño sabiendo esto, ésta comenzó a gritar:
-Pablo te extraño mucho, me encuentro en un mundo totalmente desconocido para mí, pero quiero volver a ti. Y la única manera que encuentro para volver hacia ti, es pidiéndole un favor al marihuanero Giraldo que tengo aquí al lado, el favor sería que me llevara hasta las selvas nariñenses y me deje allí, para después yo con mis sentidos súper especiales, te ubique y pueda pegarme en ti.
Al momento Porqueño –el guerrillero comunero- escuchó estos gritos de su pierna dentro de sus pensamientos, la esperanza se incrementó dentro del alma del pobre Pablo, él ya estaba totalmente convencido de que la pierna estaba viviendo su propia realidad, una realidad con solo una meta, volver a su dueño. Pablo vio en sus pensamientos la charla de su pierna con su tocayo el marihuanero, no escuchaba nada, solo esperaba los gritos de su pierna para que le volviera a dar alguna razón de lo que estaba ocurriendo. De repente la pierna volvió a gritar:
- Su tocayo dice que no hay necesidad de hacer tremendo viaje, que en el momento justo que a él se le desaparezca el efecto de la droga, yo apareceré sin ninguna explicación otra vez en el lugar al que pertenezco. Parece inverosímil, pero fue tan convincente su charla que, creo que dice la verdad.
Pablo el guerrillero comprendió que gracias al efecto de la droga en la sangre de su tocayo, se había generado un rompimiento de la realidad, un rompimiento en el cual él se benefició ya que su pierna cayó en este vacío intemporal, que había generado la mente de Pablo Marihuanero, pero un vacío que tenía su fin predestinado, y este fin era el fin de la traba, fin que crearía otra vez la verdadera realidad cotidiana.
El marihuanero de Giraldo estaba ubicado justo en el momento en que la traba comenzaba a disminuir, los ojos de Pablo comenzaron a borrar a la pierna de su realidad, fue un proceso largo todo el desvanecimiento de la pierna ante los ojos de Pablo, hasta que la traba por fin desapareció, el drogadicto había olvidado absolutamente todo, Pablo Giraldo tenía la mente en blanco, reaccionó inesperadamente y le preguntó a Camilo por lo ocurrido anteriormente, Camilo no le supo contestar nada, Camilo también había olvidado todo. Los dos marihuaneros se dieron cuenta de la pérdida de un lapso de sus vidas, pérdida ocasionada extrañamente por esa marihuana insólita. Marihuana insólita de mucho peligro que decidieron arrojar al mundo exterior, el pucho que les quedaba terminó en manos del narrador suertudo. Sólo fue tocar la bolsa, la cual le dio toda una historia para contar.
El guerrillero Pablo despertó de un sueño muy largo, se encontraba en el campamento, lo primero que hizo al despertar fue dirigir su mirada exactamente a la pierna que había perdido, sorpresa, la pierna estaba en su lugar, la miró minuciosamente para poder ver si tenía alguna herida, estaba sin ningún rasguño. Pablo en un momento dudó sobre todo lo que había vivido supuestamente, de repente comenzó a pensar que todo había sido un sueño. Despierto y listo, el guerrillero se dirigió a su comandante a preguntarle sobre como habían terminado los combates de ayer. El comandante no entendió la pregunta, entonces decidió regañar al comunero, estas fueron sus palabras en el momento del regaño:
-Camarada Pablo, le advierto que tiene que disminuirle al consumo de la droga, porque por lo visto se está imaginando cosas que no son, le recuerdo que el último combate que tuvimos con el ejército colombiano fue hace tres semanas, y el último combate contra los paramilitares fue hace una semana y media.
Esta historia como tal no tiene fin, pero les voy hacer un breve resumen de lo que pasó con las vidas de Pablo marihuanero y Pablo guerrillero. Pablo marihuanero después del incidente con la hierba extraña, decidió dejarla por seis meses, pero como raro reincidió, algo más, terminó obsesionado por la palabra pierna, él no tiene ni idea de donde sacó ese video, pero la palabra pierna se le aparece en su pensamiento bastante seguido. Pablo guerrillero siguió combatiendo, justo ese día después del regaño de su comandante, hubo un combate, además de eso, él siguió soñando mucho con marihuaneros, fueron tantos sus sueños con ellos, que terminó fumando hierbita, fuma cada vez que tiene que luchar, y ahora pelea sin tenerle miedo a la muerte.
Aburrimiento
Es posible caer dentro de una galaxia típica y monótona; las estrellas fugaces nunca te dejarán pasar desapercibido. Cantidades absorbentes de aburrimiento, el día cada vez se hacía más pesado, no tenía la mínima idea en que gastar sus últimos billetes. Su equipo favorito tenía la primera opción de pasar a la final del campeonato del fútbol colombiano, llevaba pensando desde el sábado anterior la posibilidad futura de asistir a este partido que se jugaría en Bogotá, un equipo de esta ciudad ya había asegurado su boleto a la gran final, estaba esperando un rival. Había otra posibilidad, invitar a cine a una mujercita que le daba esperanzas mínimas de amarla, lo único malo era que ya la había plantado y el más seguro surgir de una negativa a esta segunda invitación no tenía nada de descabellado.
martes, 22 de abril de 2008
Tres fotografías: Dos iglesias y una mar.
Mar que te engaña, tranquilidad mentirosa, fuerza. Cielo despejado, una que otra nube imperceptible, con su rumbo perdido. Una curva exponencial de gaviotas, una recta espumosa dibujada (dejémonos de mentiras ¡fotografiada!) sobre un plano con ejes "x", "y" y "z". Espumita braveza deja jugar a esos dos chiquillos, niña y niño y el niño soy yo. ¿Y la niña? Un recuerdo más de la infancia, un tesoro bañista con su piel morena y un vestido de baño enterizo. Unos años después se atravesó en mi camino una iglesia exagerada y grotesca, difícil de describir, muchos detalles minuciosos, bien barroca que era; los angelitos estaban por dentro, su exterior era demoníaco, guardias y más guardias rojos con unas orejas y unas alas puntiagudas. Mi oración estuvo dirigida a Leviatán: -¡Dame un fragmento paradisíaco de aquel mar! No estaba en el Tayrona pero si en Vinaroz, mediterráneo y frío y algas por doquier, la tranquilidad si se consumó ¿Y la chica? Unos días antes mi paradero fue encontrado sobre un pasado misil, una cúpula rota, algo calva, que quedó para la conciencia de una nación. Unas horas antes un idioma inexistente, una frase memorizada y muy mal pronunciada ¡Ij Lívidich! ¿mona o pelirroja? Duración de la cavilación, cero coma uno centésimas de segundo, besó a la alemana oriental.
lunes, 21 de abril de 2008
Mendigo
Corro sin parar, no hay rumbo, como cualquier humano me tropiezo, bifurcaciones y más bifurcaciones. Una laguna, sin meditar me echo a nadar, me sumerjo hasta la profundidad, ante todo luz, mis pulmones bronquiales no me fallan, visualizo un tesoro, la droga de dios, que pepa tan diminuta, la tomo con mi mano sin pensar, el cuerpo me pide volver a tierra. Camino por un bosque de cemento con una parsimonia que yo mismo estoy sorprendido de mis pasos. Cruzo miradas con todo tipo de gente, ellos ni se inmutan por el chequeo al que les obligo pasar. El mendigo de la esquina 78 en donde está la pizzería, se dedica a la quietud, su rostro tiene algo de burgués, puedo casi aseverar que él no nació en la calle, la droga nació en él. Fue un intelectual de gran calibre, lo sigue siendo, pero la vida no le quiso dar oportunidades; su línea era la filosofía, se equivocó al escoger las lecturas, y éstas lo llevaron al deterioro de su ser; su rostro negro, sucio, es lógico, nunca se baña o muy de vez en cuando, tiene cicatrices de golpizas propinadas por... eso es lo de menos, por la sociedad. A ese tipo siempre se le encuentra en esa misma esquina, su mirada desamparada, su calva patética, es un miserable sin vida alguna.
Inermes Barrabasadas atraviesan superfluas
Instantes de muerte se viven en el territorio de la venganza
Balas superfluas atraviesan cuerpos inermes
Nos regocijamos leyendo las noticias de aquel cadáver
Escribimos empuñando la causa de una secta desconocida
Datos estadísticos pretenden ser leyes
Maquillaje absurdo de los dos polos
Insultos de rostros escondidos entre pantallas
Militares tomando vino y guerrilleros apagando guerras
Paracos firmando ideologías pacifistas
Y civiles gritando victoria donde nunca hubo algo.
Insultos que no paran en nada
Balbuceos de mentiras que nos creemos
Un país que no admite su polarización
Cifras de muertos que dan una guerra terminada
Pero las balas se escuchan con la misma intensidad
Aviones fantasmas que no diferencian el movimiento del humano
Un amanecer con todo tipo de cadáveres, desde un guerrillero hasta mil civil
Los datos registran sólo bandoleros
El terrorista pasa por raspachín
La gratitud de la bonanza cocalera es vista con ojos de reproche
Estado económico flotando sobre dineros sangrantes
El verdor sólo pertenece a la selva
El triunfo sale de ella.
Balas superfluas atraviesan cuerpos inermes
Nos regocijamos leyendo las noticias de aquel cadáver
Escribimos empuñando la causa de una secta desconocida
Datos estadísticos pretenden ser leyes
Maquillaje absurdo de los dos polos
Insultos de rostros escondidos entre pantallas
Militares tomando vino y guerrilleros apagando guerras
Paracos firmando ideologías pacifistas
Y civiles gritando victoria donde nunca hubo algo.
Insultos que no paran en nada
Balbuceos de mentiras que nos creemos
Un país que no admite su polarización
Cifras de muertos que dan una guerra terminada
Pero las balas se escuchan con la misma intensidad
Aviones fantasmas que no diferencian el movimiento del humano
Un amanecer con todo tipo de cadáveres, desde un guerrillero hasta mil civil
Los datos registran sólo bandoleros
El terrorista pasa por raspachín
La gratitud de la bonanza cocalera es vista con ojos de reproche
Estado económico flotando sobre dineros sangrantes
El verdor sólo pertenece a la selva
El triunfo sale de ella.
sábado, 19 de abril de 2008
Yoyo
Las piruetas espontáneas del ser cortan miradas. La mirada es incapaz de captar los movimientos del yoyo en su totalidad. El yoyo está conformado básicamente de tres movimientos: sube, baja y se duerme. El yoyo lo manejo yo, yo manejo el yoyo, el yoyo se maneja solo.
La mirada es hipnotizada por el yoyo dormido. El columpio recuerda mi niñez; me he bloqueado, no recuerdo la conjugación del verbo columpiar, creo que me voy a columpiar (ya enmendé mi falta, me voy a salir por la tangente), el yoyo logró el columpio; yo me monto en un columpio.
Finalmente tiro el trompo; soy un experto en las piruetas del trompo: el pico al rey, el pico al chulo, el pico al torero son mis especialidades. Un momento, el trompo no rodó, ya comprendo, la pita del yoyo se rompió.
La mirada es hipnotizada por el yoyo dormido. El columpio recuerda mi niñez; me he bloqueado, no recuerdo la conjugación del verbo columpiar, creo que me voy a columpiar (ya enmendé mi falta, me voy a salir por la tangente), el yoyo logró el columpio; yo me monto en un columpio.
Finalmente tiro el trompo; soy un experto en las piruetas del trompo: el pico al rey, el pico al chulo, el pico al torero son mis especialidades. Un momento, el trompo no rodó, ya comprendo, la pita del yoyo se rompió.
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