lunes, 21 de abril de 2008
Mendigo
Corro sin parar, no hay rumbo, como cualquier humano me tropiezo, bifurcaciones y más bifurcaciones. Una laguna, sin meditar me echo a nadar, me sumerjo hasta la profundidad, ante todo luz, mis pulmones bronquiales no me fallan, visualizo un tesoro, la droga de dios, que pepa tan diminuta, la tomo con mi mano sin pensar, el cuerpo me pide volver a tierra. Camino por un bosque de cemento con una parsimonia que yo mismo estoy sorprendido de mis pasos. Cruzo miradas con todo tipo de gente, ellos ni se inmutan por el chequeo al que les obligo pasar. El mendigo de la esquina 78 en donde está la pizzería, se dedica a la quietud, su rostro tiene algo de burgués, puedo casi aseverar que él no nació en la calle, la droga nació en él. Fue un intelectual de gran calibre, lo sigue siendo, pero la vida no le quiso dar oportunidades; su línea era la filosofía, se equivocó al escoger las lecturas, y éstas lo llevaron al deterioro de su ser; su rostro negro, sucio, es lógico, nunca se baña o muy de vez en cuando, tiene cicatrices de golpizas propinadas por... eso es lo de menos, por la sociedad. A ese tipo siempre se le encuentra en esa misma esquina, su mirada desamparada, su calva patética, es un miserable sin vida alguna.
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