viernes, 18 de abril de 2008

¿Obra o alcoba especial?

Una alcoba especial. En el pasado lejano fue una habitación de entretenimiento que pertenecía a toda una familia, una habitación de recuerdos profundos, recuerdos envueltos en una bruma de instintos amorosos. En el presente inmediato es una alcoba abstracta que pertenece a una sola persona – ella hace parte de la familia del pasado lejano-, la mujer que reside en esta pieza lo hace en forma de artista; una habitación que guarda pensamientos que evolucionan en obras profundas de arte. En algún futuro ilusorio este aposento estará impregnado de sentimientos contra la muerte, sentimientos que el doctor Krokovski comprende a plenitud.

Cuadros desparramados por un espacio inamisible, espacio con cualidades creativas, hay tonos de cualquier género, hay estilos de todo tipo, hay pasiones expresadas que son ininteligibles, pasiones en las cuales espera estar alguien. En alguna esquina de este espacio ambiguo pero concreto –transcurre el tiempo-, ella trata de crear formas literarias mediante pasteles y alguien que la observa la pinta con palabras; la obra se desarrolla entre azules mágicos y negros científicos, entre figuras geométricas y figuras metafísicas, se podría citar a Kandinsky para dar una cierta imagen al lector, pero ella es incomparable con este señor, ella tiene un estilo propio, un estilo que revolucionará al arte de nuevo, un estilo que le dará un aire a la modernidad; el personaje que la observa escribe sobre ella, es un texto simplón, un texto pasado de idolatrías sin ningún fin (no está permitido el amor adúltero), él es un ser obtuso sin rumbo.

Un ente que observo, estoy en busca de la “cosidad”, de su elemento “cósico” (Dinghaft), en resumidas cuentas, estoy en busca del “ser” de un objeto. Era más complejo de lo que pensaba; estoy obligado a relacionar tres artes: un piano que se desborda en el alma de una niña, es una melodía matemática lo que escucho, la intensidad va en aumento -unas manos que no se pueden describir por su velocidad ambivalente-; una pintura abstracta, abstracta sin ningún rodeo, un “ser” difícil de interpretar –un papel que cae-, la esencia de esta obra se ejerce a través de los colores rojo, negro y blanco que son su base, pero existen otros colores como el azul agua marina, varios tipos de verdes, algunos amarrillos que se metamorfosean en marrones y un único gris, mirando la estructura es un cuadro perfecto dividido en cuadritos imperfectos –en los cuales se encasillan a los colores-; finalizando una pequeña nota o ambigüedad que toca subrayar, un negro que rompe la perfección de la obra, un negro convertido en un río caudaloso de una violencia desorbitada que genera la imperfección de los cuadritos; mis palabras están observando el ideal, pero no encuentran la “cosidad”, la esencia, el “ser”, aunque mi pretensión es que el lector a través de sus ojos impulse imágenes a su cerebro y halle el “Dinghaft”.

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